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viernes, 8 de mayo de 2015

Deberian pedir perdon los representantes de esa “izquierda” que apoyo la invasion de la OTAN en Libia

Aún recordamos cuando al comienzo del ataque contra Libia, el diario “alternativo” InSurGente editaba fotografías del líder antiimperialista Gadafi junto a estadistas occidentales, dando a entender que todos eran de la misma ralea. Fue su manera de justificar el genocidio. Fidel también se vio obligado, por cuestiones de alta política y protección de su pueblo, a hacerse fotos con criminales como Aznar.
Se cumplen cuatro años de los hechos que llevaron a la desestructuración y destrucción del Estado libio, liderado hasta entonces por Muamar el Gadafi, y, por desgracia, se cumplen también los peores presagios que solo unos pocos advirtieron, allá por el 2011, acerca de los peligros de crear una ‘zona cero’ en el norte de África, a orillas del Mediterráneo.
Y es que, si alguien debiera pedir perdón por todo lo sucedido, esa es la izquierda, que hoy se rasga las vestiduras viendo cómo miles de personas tratan de huir de conflictos que, en buena medida, ella amparó y alentó, en un pasado reciente. Los llamados partidos ‘de progreso’ marcaron el terreno sobre lo que ‘urgía’ hacer en una Libia que, juzgaban, era víctima de la ‘feroz dictadura’ del ‘clan’ Gadafi, el cual, se dijo, estaba bombardeando a su propio pueblo, a pesar de que las evidencias de ese ‘hecho fundacional’ un supuesta represión aérea sobre Trípoli­­ nunca aparecieron, como sí se difundieron, meses más tarde, las imágenes del asesinato del líder libio, por las que nadie pide abrir diligencias penales.
Destacado entre quienes llevaron la batuta de lo que procedía hacer en aquél momento, estuvo un eurodiputado del partido Iniciativa por Cataluña (ICV), Raul Romeva, quien proclamaba entonces lo siguiente, en el diario ​ Público, ​ en un artículo titulado ​ Dudas, certezas y razones ​ (​ 29 de marzo de 2011):
“Hay tres formas de situarse ante la decisión del Consejo de Seguridad de intervenir en Libia. Una es la de quienes consideran a Gadafi un revolucionario que representa, junto a sus amigos Ahmadineyad, Chávez, Putin o Hu Jintao, la única esperanza que le queda al mundo para no sucumbir al imperialismo occidental. Es este un razonamiento que considero arcaico y que no comparto ni por asomo. Baste decir que personalmente me sitúo en las antípodas de esta forma de entender el mundo, y que si la salvación de la izquierda pasa por seguir la estela de estos jinetes del Apocalipsis, conmigo que no cuenten​”.
Todo un decálogo de incertezas y sinrazones: las delegaciones diplomáticas de Rusia y China se abstuvieron en el Consejo de Seguridad, facilitando los ‘selectivos’ bombardeos de ‘los amigos’ de Obama, Sarkozy y Cameron, en un error que no repitieron ambas legaciones con poder de veto con Siria, aunque ello no haya impedido que prosiguiera un interminable conflicto en la región.
Es decir que las cosas nunca son blanco o negro, tal como pretende la maniquea visión de algunas voces con salarios superiores a los 15.000 euros al mes (base y dietas en el Parlamento europeo), a quienes se supone mayor capacidad de discernimiento, más resistencia a los grupos de cabildeo ‘no gubernamentales’, y menor prejuicio hacia países o culturas no homologables.
“A Gadafi, ni agua”
Tal era la expresión que se decía entonces en los entornos de la izquierda. ​ “¿Intervenir tiene riesgos? Por supuesto. Pero no hacerlo también. ¿El Consejo de Transición (rebeldes) no es garantía de nada? También es cierto, pero presumo que una victoria de Gadafi tendrá consecuencias nefastas a corto, medio y largo plazo. Por eso soy de los que piensan que, ante todo, Gadafi no puede ganar”, proseguía Romeva.
El resultado final de todo aquello ya se vio entonces, aunque sólo lo vieran unos pocos. Pero es hoy que conviene traerlo a colación, cuando muchos han querido olvidar, interesadamente, las enormes responsabilidades que sus actos políticos trajeron.
Conviene señalar el cómplice papel de quienes se presentaron como dudosos moralistas ante la sociedad, utilizando los medios a su alcance, pero que hoy esconden el papel protagónico que tuvieron en aquel desbarajuste y en la anarquía actual, tras su petición de armar a oposiciones ‘democráticas’ y de golpear ‘lo justo’ al señalado. Precisamente hoy, que vemos cómo miles de personas, huyendo de la penuria y de la guerra, naufragan en manos de mafias migratorias que tienen su base en Libia, convertida en el perfecto territorio sin ley.
Hay que pedir, aunque sea tarde y mal, que se proclame una nota de arrepentimiento por el hecho de haber presionado, desde las instituciones, en pos de conseguir un giro de 360 grados en el país libio, que de país desarrollado y ordenado, a inicios de 2011, pasó a constituir un problema regional de gran magnitud e imposible gobernanza, con las infraestructuras derruidas y las principales necesidades de los autóctonos desatendidas.
Nota de Ojos para la Paz: No solo Raul Romeva ¿Qué decir de esa “izquierda” allanadora del camino del Imperio, como IA, y su valedor Santiago Alba Rico, que pidieron directamente “una intervención” en Libia?, es decir “una guerra humanitaria” , como si existiesen guerras humanitarias, y que vienen pidiendo también que se actúe contra Bashar al Assad, en Siria…¡Como si no viniesen actuando desde hace tiempo contra Siria! Tras cuatro años de combates, el pueblo sirio, su presidente Bashar al-Assad y el Ejército Árabe Sirio siguen resistiendo a los embates de la alianza más heterodoxa que Washington pudo pergeñar en la historia: Desertores de las fuerzas armadas, compañías de mercenarios occidentales, bandas wahabitas, agencias de inteligencia de Francia, Gran Bretaña, Alemania e Israel, las acciones desestabilizadoras de Turquía y Jordania, el ofensivo silencio de Egipto y la inoperancia de Naciones Unidas, todo sazonado con los infinitos recursos de Arabia Saudita y Qatar.
Ni Raul Romeva, ni SAR, ni IA, ni la CGT (posicionada también con los agresores) han pedido perdón por la destrucción de Libia, por los 200.000 muertos en ese estado hoy ya inexistente, por los miles de muertos en el Mediterráneo que huyen de la muerte y la encuentran en sus aguas ¿A quien defiende esta supuesta izquierda?
Por: Eloy Pardo

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