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HISTORIA DEL MARXISMO:CLASE 1-INTRODUCCIÓN |
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viernes, 12 de abril de 2019
88 años de las elecciones que trajeron la II República. Nos toca ahora a nosotros
Hoy hace 88 años de las
elecciones municipales en España, las cuales determinaron a los dos días
siguientes el advenimiento de la II República. Antes de eso el rey Alfonso XIII
ponía pies en polvorosa y kilómetros de por medio entre la Libertad, Justicia y
Fraternidad y su reinado corrupto, cómplice con los golpistas.
Fueron días de mucho entusiasmo,
voluntad de enfrentar los viejos paradigmas aun reinantes. Tiempo donde los
desheredados, los trabajadores industriales, los campesinos, los intelectuales
de vanguardia unieron sus fuerzas para acabar con décadas de sometimiento.
Todos y todas a una lograron torcer el brazo a una clase dominante, que no
tardaría en recomponerse e imponer como siempre lo ha hecho su concepción
autoritaria, uniforme, medieval y mojigata a través de su ensangrentada por
siglos espada.
Por todas aquellas personas
abrieron una brecha y un horizonte de Libertad del que ahora muchos nos
nutrimos y luchamos por retomar la lucha que estas personas dejaron.
Dedico
en esta publicación un poema de Miguel Hernández, “Vientos del Pueblo me llevan”, para hacer impertérrito mi homenaje:
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas
De nosotros depende de que su voz
no quede ahogada, de que no se convierta su lucha y su sacrificio en una piedra
encima de otra piedra llorada en cementerios y sólo recordada en fechas como
las que se avecinan. Tenemos el deber moral y la Justicia de la razón de
devolverles la honra de por lo que lucharon, por el proyecto de país en Libertad,
fraternos entre todos los Pueblos del Estado español e iguales tal como
calificaba la Constitución de la II República el carácter del estado español:
“España es una República democrática de
trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del
pueblo”.
domingo, 13 de noviembre de 2016
Las siete propuestas de Trump que los grandes medios censuraron... y que explican su victoria
La victoria de Donald Trump (como el brexit en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes, los institutos de sondeo y las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano; y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos el brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una devastadora ola populista, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo «politicamente correcto», que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la «palabra libre» de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la «rebelión de las bases». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la «casta». Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son corruptos, delincuentes y violadores. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en Juego de Tronos, de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21.000 millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas: también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes...Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es "la base de una sociedad libre" y su crítica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas "leyes de libertad religiosa", impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el "engaño" del cambio climático que, según Trump, es un concepto "creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad".
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadraba.
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: «No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación» [1]. En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: «Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%».
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros, The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito...
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando a cada vez más gente, y recuerda que, en los últimos 15 años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.
3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas de todos los productos importados. «Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país», suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país de él: «El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos».
En regiones como el rust belt del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.
4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los «sin techo», reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds, que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia al Daesh. Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no puede imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: «No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN».
Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un ciclo de 40 años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen– es el autoritarismo identitario. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo...
Ignacio Ramonet
domingo, 12 de julio de 2015
Días de incertidumbre "lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no termina de morir"
Pareciera ser que viviésemos sin
percatarse la mayoría en como diría Rafael Correa un “cambio de época y no tan
sólo época de cambios”o como dijese A. Gramci en su día "lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no termina de morir". de cualquier manera intentaré dejar mi opinión al respecto
Los momentos políticos cambian a
cada instante y se constatan como una suerte de espontaneidad para ver si la
flauta suena. Todo con una mira cortoplacista y ensoñadora al modo del cuento de
la lechera haciendo cábalas sobre posibles resultados en las próximas
elecciones generales.
Rebobinando la historia cercana y
más concretamente en el momento de eclosión con fuerza del 15-M como elemento a
tener en cuenta en el panorama político de nuestro país, se han ido provocando
cambios, tal y como decíamos al principio del articulo. Cambios en los que el
principal sujeto político ha pasado a ser esa denominación clasista burguesa
llamada “ciudadanía” que por su propia identidad adolece de posición de
clase y trasmite ambigüedad. Fue lógico,
de alguna manera, puesto los esloganes “no nos representan”, “arriba y abajo”, “que
se vayan”, aflorara en el sentir general un cierto desengaño y rechazo al modo
de participación en política a través de los partidos políticos al uso.
Ciertamente no se habían hecho las cosas bien por los partidos políticos
durante este tiempo en la gran mayoría de los casos pero de una denuncia
legitima especifica se derivó hacia una comprensión generalizada, producto
también del interés oligárquico de manchar a todos por igual, para no fijar así
a los verdaderos responsables de esta situación de fin de ciclo político en
este país.
De todos esos polvos venimos
convertidos en lodos y farragosos lodos la ficticia idea de que la
participación ciudadana a través de los partidos clásicos está finiquitada y
que forman parte de la vieja política y lo novedoso y actual son la
conformación de plataformas donde el protagonismo es el individuo como tal y la
mera insinuación de pertenencia a algún partido levanta reticencias de que es
lo que se pretende de manera camuflada. Da la impresión no se entienda que cada
partido defiende un interés de clase claro dentro de ese tablero político y su
propio cuestionamiento, sobre todo en la vertiente de la izquierda causa un
daño irreparable en la consecución de los fines emancipadores de los Pueblos.
Que la izquierda no sea capaz de
articular un instrumento como sujeto político para realizar ese fin
emancipatorio y frentista ante los ataques a los derechos y libertades en
España y ahonde en la creación de invenciones cortoplacista, fruto de la
espontaneidad, es reflejo del estado de cosas en las que nos encontramos, donde
prima el “aquí y ahora” por encima de proyectos a largo plazo con una base programática
solida y adaptada a las prioridades del Pueblo.
La reciente aparición de la marca
“Ahora en común”, simbiosis de las
plataformas “Ahora Madrid“ y “Barcelona
en común” en su nomenclatura es un claro reflejo de lo enunciado. Una
plataforma ciudadanista creada con un fin electoral al amparo de la competencia
con la otra propuesta neutra como es Podemos y que utiliza las mismas
estrategias en sus inicios para atraer al electorado ávido de encontrar un
espacio donde depositar su confianza. Una base donde prima la consideración del
término ambiguo de “ciudadanía”, de amplia representación ideológico pero no
partidista, con lo cual no se entiende la virtualidad de IU como tal, utilización
de sinónimos de unidad, confluencia, convergencia, llena de bonhomía y
buenrollismo, individualista y de sagrada conjunción de un “todos en uno”, no
sabemos si también terminara por situarse en la indefinición de ”ni de derechas,
ni de izquierdas” como ha sucedido en su principal rival como mencionábamos de
Podemos.
Lo que sí es harto llamativo en
este tipo de movimientos es el modo de cómo se producen, sin conocimiento por
parte de los partidos que muchos y muchas afiliadas se encuentran dispuestos a
sumarse a esta “marea revolucionaria”. Del día a la mañana te encuentras con
que hay en redes otra consecución nominal de una plataforma nueva a la que se
suman y apoyan prebostes de esos mismos partidos que deberían haber cumplido
ese cometido, sin embargo se le otorga carta de naturaleza sin haber contado
con ningún tipo de acuerdo interno donde definir cuál es la fórmula idónea para
ir con garantías a unas elecciones generales. Como digo más espontaneidad y
cortoplacismo imposible.
Desentrañar las razones de la
aparición de esta plataforma será objeto de análisis en otra publicación,
seguramente cada uno tendremos unas cuantas ideas pero lo fundamental es
incidir en el carácter improvisado y liquidador de una conciencia de clase
colectiva cuando se orienta en base a conceptos en la práctica postmodernistas.
A mí personalmente me trae gratos recuerdos la consecución de la Unidad Popular
en los tiempos del Frente Popular de la 2º República, donde ni por asomo se
planteó la no aparición de partidos en esta conjunción de fuerzas en pos del
Poder Popular, ya se sabe que eran otros tiempos, donde se conservaban el carácter
de clase de las organizaciones y sus objetivos emancipatorios para el Pueblo y
sus clases populares, pero eso no es óbice en la actualidad para ayudar a laminar organizaciones históricas dentro del acerbo político español.
Mucho me temo termine en España sepultada
la izquierda de tal manera ocurrió en Italia bajo una amalgama de partidos
oportunistas y desclasados y en donde es
en estos días muy difícil recomponer partidos históricos como el PCI para
hacer frente a las agresiones de las oligarquías capitalistas.
viernes, 15 de mayo de 2015
"Cambiar todo para que nada cambie". Panorama ante las citas electorales 2015
A nueve días de las primeras
elecciones que se avecinan en este año plagado de citas electorales, convocadas
para este domingo 24 de Mayo y que seguramente “obraran el milagro” de ver como
se fulminan de un votazo las penurias de todas y todos, convirtiendo nuestros pueblos y autonomías en lugares
paradisiacos, donde los desahucios, paro, corrupción y mentiras serán asuntos
del pasado. Nótese la ironía por si queda duda de que nada de eso va a pasar.
Y no va a ocurrir por el mero
hecho de haber permitido construir una “democracia” en donde los protagonistas
son todos los actores surgidos de las cenizas del franquismo y en donde la
participación del Pueblo oprimido, se dirige a modelos de alienación controlada
del voto a través de medios de comunicación vendidos a los intereses del
capital.
La última de este capital
torticero, maniqueo, crápula y parasitario, que todos sabemos quiénes son
(empresas IBEX 35, grandes multinacionales y grupos inversores extranjeros),
poseedores de sus instrumentos de intoxicación mental ha sido provocar con la complicidad de los partidos
del bipartidismo, la falsa idea del rejuvenecimiento de la política a través de
la dicotomía lo nuevo y lo viejo. El ejemplo más claro de esto que digo fue el
relevo in extremis del jefe del estado heredero del franquismo, cuando ya
estaba amortizado este señor, mostrando con lo cual las debilidades de un
modelo de estado agotado, caduco y arcaico.
Siendo éste un síntoma de un
momento histórico concreto de nuestro país, sabedores de que no sólo se tenía
que quedar en eso, se articuló una logística con el objeto de producir una
desestabilización, incluso aceptada por formaciones políticas que hasta el
momento no tenían ese carácter del espontaneismo oportunista y que al final
asumieron esos paradigmas arrastrados unos y convencidos otros por su
oportunismo irresponsable.
Es aquí donde empiezan a aparecer
términos como “cambio”, “regeneración”, “primarias”, “listas abiertas”,”
imagen”, “preparaos”, etc. con mayor
profusión hasta ese momento, haciendo
recordar de nuevo al rey impuesto. Términos los cuales que no hacen más que
enmascarar una situación de fondo que no se discute, ni tampoco se valora en su
justa medida, y es el papel de los medios de intoxicación masivos administrados
por intereses de clase, contrarios a los de la gran mayoría, pero alienadores
de esa misma mayoría y que definen otro término obviado interesadamente como es
“la lucha de clases”.
Ante todo esto, habiéndose
producido por parte de las élites teloneras del capital su propio proceso
constituyente, no nos queda otra solución que la de proponer el nuestro, que pasaría irrenunciablemente por la
aceptación en los programas municipales del compromiso de integrarse en la Red
de Municipios por la III República para provocar como en la II República el advenimiento de ella. Lejos de eso, se
olvida, se obvia y se suprime conscientemente de la gran mayoría de los
programas electorales por intereses meramente coyunturales y oportunistas. Por
cierto esta República debe hacer prevalecer los intereses del Pueblo que no los
del capital, por lo tanto Socialista.
En este contexto de cosas,
producido como hemos dicho el proceso constituyente por parte de la oligarquía
moribunda, cual lifting última generación, les quedaba por apuntalar la invención de algunos
instrumentos políticos para primero laminar el creciente repunte de una
organización anticapitalista y posteriormente para aplacar ese otro trasvase de
voto, fomentar la aparición de otra formación que le disputa a la anterior ese
espacio indefinido como es “ni de izquierdas, ni de derechas”, sumando de esta
manera dos partidos más a los existentes anteriormente (en mi pueblo 7
candidaturas) concurrentes en estas elecciones. Éste hecho forma parte de la
estrategia seguida por el capital para de este modo dividir la parte del pastel
en pedazos más pequeños, pero que se mantengan las porciones más grandes, las tradicionales
en el panorama político bipartidista consiguiéndose de ese modo dos objetivos:
1.- Dividir a la izquierda,
mediante la dispersión de voluntades fragmentándolas, acusando el golpe la referencia
política de hasta ese momento, en una estrategia de acabar de ese modo con
organizaciones históricas.
2.- Mantener al bipartidismo en coma, mientras se
recompone los partidos tradicionales de este régimen.
Frente a esto sólo nos queda armarnos de
paciencia, seguir desvelando las grandes manipulaciones del capital, aunque a
veces nos sirva para recoger tempestades proferidas hasta dentro de nuestros
entornos y sobre todo profundizar, unir las
voluntades comunistas de emancipación del ser humano, alejándolas de intereses
oportunistas y cortoplacistas.

































































