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domingo, 26 de abril de 2015

“Sobre la relevancia de El capital de Marx para la actualidad”: Andrew Kliman

A continuación publicamos una contribución especial para Ideas de Izquierda de Andrew Kliman, donde nos ofrece su visión sobre la relevancia de El capital para nuestros tiempos. El autor es defensor de la llamada interpretación temporalista de la teoría del valor de Marx, que fundamenta extensamente en su libro Reclaiming Marx’s “Capital”. También publicó The Failure of capitalist production. Underlying causes of the Great Recession [El fracaso de la producción capitalista, las causas subyacentes de la Gran Recesión]. Es profesor emérito en la Universidad de Pace.

Cómo no evaluar El capital
El capitalismo ha cambiado notablemente durante el siglo y medio desde que Marx escribió El capital. Es ahora un sistema que envuelve a casi todo el planeta, y el rol de las finanzas ha crecido enormemente durante las últimas décadas. El mundo, y mucho de lo que nos incumbe como portadores de “identidades múltiples y fragmentadas”, parece tener poco que ver con la situación elemental de la que se ocupa el Tomo 1 de El capital: la expansión del capital por medio de la extracción de plusvalor a los trabajadores en el proceso de producción mismo.
Es por eso, por supuesto, que El capital es desestimado muchas veces como reduccionista, o ya no relevante, o se considera que requiere añadidos y reelaboraciones. Las carreras de un número considerable de académicos e intelectuales están basadas en tales proyectos. Pero acá hay menos de lo que ve el ojo.
En primer lugar, el libro se titula El capital por una razón. No se titula Todo lo que usted necesita saber sobre lo que ocurre en el capitalismo, o siquiera Todo lo que usted necesita sobre sobre el capitalismo. Se enfoca especialmente en el capital –el proceso en el que, y a través del cual, el valor se “autoexpande”, o se convierte en una suma mayor de valor. Es sobre cómo esta autovalorización se lleva a cabo, cómo se reproduce (se renueva y se repite), y cómo todo el proceso es reflejado, de manera imperfecta, en el pensamiento y los conceptos convencionales de los economistas y empresarios. Hay una diferencia crucial entre tener un foco específico y ser reduccionista. Yo no creo que Marx escribiera o sugiriera en ningún lado que el proceso de la autovalorización sea lo único que importa o que otros procesos puedan ser reducidos a él. Afecta a un montón de otras cosas, a veces de manera crucial –y esta es quizá la principal razón por la que un libro sobre El capitales confundido por un libro sobre Todo– pero reconocer las interrelaciones no es reducir estas otras cosas a la autoexpansión del valor.
Por supuesto, hay un sentido en el que cualquier libro con un foco específico “deja afuera” u omite otras cosas, pero por lo general no nos quejamos de que un libro de cocina deje afuera u omita instrucciones para realizar un cambio de aceite al auto o carezca de un análisis de política internacional. El planteo de que El capital “fracasa” en dar cuenta de muchos aspectos del capitalismo y lo que ocurre dentro de él me parece igual de inapropiado e injusto.
En segundo lugar, el hecho de que hoy el mundo parece muy distinto del que nos vemos confrontados al leer El capital sencillamente no implica que el libro se haya vuelto irrelevante, o siquiera menos relevante, que cuando fue escrito. El mundo también parecía muy diferente cuando Marx lo escribió, y él estaba agudamente al tanto de estas diferencias. Por ejemplo, destacó en el Tomo 2 que “el no ver en el carácter del modo de producción la base del modo de intercambio que le corresponde, sino a la inversa, está muy de acuerdo con el horizonte intelectual burgués, donde solo se piensa en hacer negocios”[1]. No obstante él insistió en que la relación en el mercado entre el comprador y el vendedor de la fuerza de trabajo (el capitalista y el trabajador asalariado) “se apoya, por su fundamento, en el carácter social de la producción, no en el del modo de intercambio; éste surge, por el contrario, de aquél”[2].
La cuestión no es por lo tanto si el capitalismo ha cambiado desde los tiempos de Marx, o ni siquiera si los cambios son grandes e importantes. La cuestión es: ¿cuál es la importancia del hecho de que las cosas se ven bastante diferentes de como las presenta El capital? ¿Cuenta este hecho como una crítica legítima del libro, un indicador de una falta de adecuación teórica?
Marx anticipó este tipo de objeción, y la respondió como sigue: “el economista vulgar cree que hace un gran descubrimiento cuando contra la revelación de conexión interna proclama orgullosamente que las cosas tienen una apariencia completamente distinta. De hecho, se enorgullece de reptar ante la apariencia y toma ésta por la última palabra. ¿Qué falta puede hacer entonces la ciencia?”[3]. No estaba tratando de proporcionar un comentario sobre la sociedad capitalista que se “aferrara a la[s] apariencia [s]” describiendo sus partes componentes y relaciones al modo en que “las cosas se ven” en la superficie de la sociedad. Estaba comprometido en cambio con la “ciencia” –la “revelación de [las] conexión[es] interna[s]” entre las partes y sus relaciones aparentes–.
A la luz de esta meta, me parece totalmente inapropiado evaluar el libro en términos de cuán estrechamente se adecua a como se ven las cosas –por ejemplo, en términos de si los acuerdos comerciales y mercados financieros que dominan las noticias económicas y las mentes de la burguesía también dominan el libro–. Es necesario evaluarlo en cambio en términos de cuán exitosamente revela las conexiones internas.
De esta forma, creo que las bases sobre las cuales El capital es típicamente desestimado por haber perdido relevancia o por verse disminuida, no resisten el análisis. Pero este argumento negativo no significa de por sí que el libro mantenga relevancia; es necesario proveer argumentos positivos para esto. Es claro que un artículo corto como este no puede hacer entera justicia a la cuestión. Por lo tanto me limitaré a breves comentarios solo en algunos de los muchos aspectos del libro que me parece que son de especial relevancia hoy.
La crítica de otras tendencias de izquierda
El Capital confronta algunas ideologías que son muy similares a las de nuestros días. Por un lado, combate la perspectiva de la economía política burguesa de acuerdo a la cual “hubo historia, pero ahora ya no la hay”, como dice Marx de forma sarcástica[4]. En décadas recientes esta perspectiva fue revivida bajo la forma del mantra de Margaret Thatcher: “no hay alternativa”. El Capital habla así directamente a una de las principales preocupaciones de los movimientos populares de la última década y media, que declararon que “otro mundo es posible”, ayudando a clarificar lo que debe ser cambiado para trascender al capitalismo.
Pero el libro combate también la economía política de Pierre-Joseph Proudhon y otros izquierdistas que sostenían que las enfermedades del capitalismo podrían ser mejoradas mediante reformas de las relaciones monetarias, comerciales y financieras, dejando al mismo tiempo intacto el modo deproducción capitalista. Esta dimensión de El capital se volvió nuevamente relevante en años recientes, especialmente a la luz de los esfuerzos para prevenir próximas crisis económicas mediante reformas del sistema financiero.
Cuando se lo toma solo como una crítica de la economía política burguesa, y no también como una crítica de la economía política proudhonista, hay partes de El capital que se vuelven inescrutables o incluso sin sentido. Consideremos por ejemplo la sección tercera del capítulo 1, que analiza “la forma de valor”. Esta sección contiene una intrincada derivación dialéctica del dinero desde la forma de la mercancía; pero ¿cuál es el punto? Marx enfatiza que esta derivación es crucial –“se trata … de llevar a cabo una tarea … dilucidar … seguir”[5]– pero, ¿por qué? La respuesta, creo, es que está mostrando que el intercambio monetario es solo una consecuencia, inevitable, de la producción de mercancías. En tanto la producción de mercancías se mantenga, también deberán hacerlo el dinero y los flagelos sociales asociados con él. “Es necesario verlo claramente para evitar trazarse metas imposibles, y para saber los límites [de] las reformas monetarias y las transformaciones de la circulación [intercambio mercantil]”[6]. Marx compara el deseo proudhonista de abolir el dinero y al mismo tiempo “eterniza[r] la producción de mercancías” con el deseo de “abolir el papado y mantener en pie el catolicismo”[7]. Ambas son imposibles.
El hecho de que El capital sea (entre otras cosas) una crítica de las soluciones propuestas por otras tendencias de izquierda a los problemas del capitalismo es algo que en general se omite. Los que lanzan llamados continuos a unificar alrededor de acciones comunes, programas o ideas que sean el “menor denominador común” por lo general consideran la especificidad de las ideas de Marx como algo distractivo o que interfiere con sus metas. Incluso cuando parecen valorarlo de manera favorable, Marx se transforma en un ícono que dijo muy poco que sea distintivo y nada que sea “amenazador”. Otros quieren vincular su nombre con perspectivas y proyectos que tienen más en común con las tendencias que combatió que con sus propias ideas. El propio Marx, sin embargo, batalló continuamente por sus ideas específicas dentro del movimiento, especialmente una vez queEl capital estaba publicado y accesible para que todos lo estudiaran.
En 1875, los partidos “marxista” (de Eisenach) y lassalleano en Alemania se unificaron sobre la base del Programa de Gotha. La crítica de Marx a este programa se queja una y otra vez deque sus posiciones y demandas no están a la altura de las conclusiones teóricas desarrolladas en El capital. Este no era un ejercicio académico. Se oponía a la unificación de los partidos precisamente porque encontraba las ideas del Programa erradas e inadecuadas. En particular, su llamado a una “justa distribución” del ingreso era llamativamente cercana a la perspectiva proudhonista que había combatido durante varias décadas, en que apuntaba a arreglar la desigualdad del ingreso al mismo tiempo que dejaba intactas las relaciones de producción vigentes, lo que Marx consideraba imposible. No podía dejar que el deseo de la unidad interfiriera con la necesidad de entender el mundo correctamente para poder cambiarlo efectivamente.
Personificaciones del capital
En el prólogo a la primera edición del Tomo 1 de El capital, Marx remarcó que aunque “No pinto de color de rosa, por cierto, las figuras del capitalista y el terrateniente”, tampoco las demoniza ni culpa por los defectos del sistema capitalista: “aquí solo se trata de personas en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista … menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura”[8]. Más adelante se refirió al “mecanismo social, en el que dicho capitalista no es más que una rueda del engranaje … la competencia impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas, las leyes inmanentes del modo de producción capitalista”[9]. Se comportan de la manera en que lo hacen porque es como deben hacerlo para mantenerse como capitalistas en vez de ex capitalistas en quiebra.
Creo que este punto de vista es especialmente pertinente hoy, cuando eventos como la reciente crisis económica global y otros defectos del capitalismo son regularmente atribuidos a la codicia de los capitalistas o al impulso “neoliberal” a desmantelar todos los obstáculos que se oponen en el camino de permitir que los ricos se vuelvan aún más ricos. El subtexto es claramente que los defectos del sistema actual pueden ser arreglados reemplazando las personificaciones vigentes del capital por un régimen anti neoliberal que tenga un conjunto diferente de prioridades.
Lo que se pasa por alto o es ignorado acá son los argumentos de Marx de que quienes están conduciendo el sistema en cualquier momento particular no están realmente en control de la situación. Lo que está realmente en control son las “leyes de la producción capitalista”. Las personificaciones individuales del capital –y esto incluye personificaciones atípicas tales como capitales estatales y empresas gestionadas por sus trabajadores– deben adecuarse a estas leyes o renunciar a su “control”. La ley más importante es la “ley del valor”, la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Obliga a las empresas, quien sea que las posea o “controle”, a minimizar los costos para mantenerse competitiva y, por lo tanto, a despedir a trabajadores ineficientes o innecesarios, acelerar la producción, mantener condiciones laborales inseguras, producir en pos de la ganancia en vez de producir para las necesidades, etc. Si estás en un sistema capitalista, no podés lanzar así nomás una directiva de producir para las necesidades, o una para abstenerse de despedir trabajadores. Disminuir los costos es la clave de la supervivencia. Poner a gente diferente con diferentes prioridades en el “control” no deshace esta ley o el orden de leyes de la producción capitalista. Los defectos del sistema van a persistir hasta que estas leyes se desmantelen.
La transformación de los valores en precios de producción
En el tercer tomo de El Capital, Marx lidia, finalmente, con el “mundo real”; las formas en que las categorías y relaciones que analizó se “manifiestan en la superficie de la sociedad en la acción recíproca de los diversos capitales entre sí, en la competencia y en la conciencia habitual de los propios agentes de la producción”[10]. Por ejemplo, en vez de hablar de “el capitalista” y el “plusvalor” que extrae del “trabajador”, Marx analiza a los capitales industriales, mercantiles, financieros y terratenientes, como grupos distintos con intereses diferentes y diferentes tipos de ingresos: ganancia industrial, ganancia comercial, interés y renta. Aunque el capitalismo no es descripto todavía en su plena complejidad concreta, estamos a mundos de distancia del Tomo I y su foco en el proceso directo de producción.
Sin embargo, Marx muestra que este punto de vista privilegiado, más “realista”, menos “reduccionista”, no cambia las conclusiones a las que llegó en los primeros dos tomos. Como Raya Dunayevkaya remarcó astutamente,
¿cuál es el gran resultado de aprender todos los hechos de la vida? ¿Cómo han cambiado las leyes que se levantan del estricto proceso de producción que los economistas académicos llaman “abstracto”? De ninguna manera. De ninguna manera. Al final … de todo esto, Marx nos conduce de vuelta a eso en lo que se basa: la producción de valor y de plusvalor. Nos muestra que en el análisis final la suma de todos los precios es igual a la suma de todos los valores. Donde el trabajador no ha creado nada, el capitalista manipulador no puede obtener nada. La ganancia, incluso como plusvalor, no proviene de la “propiedad” sino de la producción … Nada fundamental ha cambiado; nada en absoluto[11].
En el Capítulo 9 del Tomo 3 Marx discute la transformación de los valores en precios de producción y la transformación del plusvalor en “ganancia media”. Debido al mito de larga data de que esta explicación se ha probado lógicamente inconsistente, y al carácter técnico, matemático, de las alegadas pruebas de inconsistencia, así como al desconcertante despliegue de supuestas “soluciones” al “problema de la transformación” –esto es, esfuerzos para “corregir” la alegada inconsistencia– el tema es frecuentemente tomado a burla y desestimado como ininteligible y poco importante. Sin embargo este capítulo es crucialmente significativo, porque es acá, sobre todo, donde Marx reconfirma algunas de las más importantes conclusiones a las que arribó en El Capital.
Las firmas individuales pueden vender sus productos por encima de su valor real, y pueden en consecuencia realizar más ganancia que el plusvalor que crean. Sin embargo en su explicación de la transformación en el capítulo 9, Marx muestra que en la economía como un todo, el precio total de todos los productos es igual que su valor total. En consecuencia, la ganancia total es igual al plusvalor total extraído a los trabajadores en el proceso directo de producción, y la tasa de ganancia de toda la economía es –más allá de las discrepancias entre precios y valores y entre ganancias y plusvalores– simplemente el plusvalor total por dólar de capital invertido. “Nada fundamental ha cambiado”.
En el Tomo 2, Marx advertía que
no se debe incurrir en el procedimiento de Proudhon, imitado de la economía burguesa, y enfocar la cuestión como si una sociedad de modo capitalista de producción, al ser considerada en bloque, como totalidad, hubiera de perder su carácter histórico-económico específico. Por el contrario. Tenemos que habérnosla entonces con el capitalista colectivo [12].
Este es también el método del Capítulo 9 del Tomo 3. Aunque mayormente este volumen lidia con los capitalistas en su competencia entre unos y otros, y con los intereses rivales de diferentes fracciones de la clase capitalista, el capítulo 9 se abstrae de la competencia y la multiplicidad de capitales. Regresa a la perspectiva del capital contrapuesto al trabajo que ocupaba el lugar central en la discusión del Tomo 1 sobre el proceso directo de producción –excepto que ahora los agentes no son “el capitalista” y “el trabajador”, sino el capitalista colectivo y el trabajador colectivo–. Marx supone que “las cinco diferentes inversiones de capital I-V del ejemplo anterior perteneciesen a una misma persona”. Ya sea que esta persona registre la ganancia donde esta fue efectivamente extraída a los trabajadores, o la atribuya a cada inversión en proporción a su tamaño, “el precio global de las mercancías I-V sería igual a su valor global … Y de este modo [ocurre] en la propia sociedad considerando la totalidad [con] las mercancías producidas”[13]. Ya sea que la propiedad sea colectiva o esté atomizada, el resultado es el mismo.
Lo que para Marx daba al capitalismo su “carácter histórico y económico específico” es su modo deproducción. Ya sea que este modo de producción aparezca bajo la forma de una sociedad competitiva de propietarios atomizados, o de una sociedad colectivizada en la que el capital total “perteneciese a una misma persona”, su esencia queda incambiada. Así, como él mismo sostenía, el principal propósito de la transformación del capítulo 9 y del Tomo 3 como un todo, era mostrar que la competencia y la propiedad múltiple no altera las leyes del valor y del plusvalor (Tomo 3, p. 1074). Solo alteran la forma en que estas leyes aparecen; en la sociedad como un todo se mantienen exactamente como las había desarrollado en el Tomo 1.
La teoría de Marx sobre las crisis capitalistas
Las conclusiones a las que llegó Marx en el capítulo 9 del Tomo 3 también son de importancia crucial para su “ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia” y para su teoría de las crisis económicas capitalistas, enraizada en esta ley. En The Failure of Capitalist Production y en otros trabajos sostuve que la caída durante décadas de la tasa de ganancia de las corporaciones norteamericanas era la causa subyacente e indirecta –pero no por eso menos importante– de la Gran Recesión y su prolongada secuela, y que casi toda la caída de la tasa de ganancia puede atribuirse al hecho de que el crecimiento de la inversión de capital superó el ritmo de crecimiento del empleo, justo lo que sostiene la ley de Marx.
El capítulo 9 es el punto fuerte de la sección segunda del Tomo 3. La sección siguiente está dedicada a la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia y la teoría de la crisis asociada –y por un buen motivo–. Marx no podría haber derivado la ley con antelación a la demostración del capítulo 9. Muestra que la “tasa de ganancia” tiende a disminuir debido al cambio tecnológico ahorrativo de trabajo. Pero es capaz de demostrarlo solo porque “la tasa de ganancia” en cuestión no se ve afectada por las múltiples discrepancias entre precios y valores y entre ganancias y plusvalores. Es la tasa de ganancia del capitalista colectivo (o de la clase capitalista considerada como un todo), y esta tasa de ganancia no es otra cosa –como mostró en el capítulo 9– que el plusvalor total por dólar de capital invertido. En otras palabras, la ley de la baja tendencia de la tasa de ganancia está enraizada en un resultado clave del Tomo 1, reconfirmado en el capítulo 9 del Tomo 3: la ganancia no puede ser mayor que el plusvalor creado por el plustrabajo de los trabajadores. Como señaló Marx en un manuscrito preparatorio:
Hemos visto que [la tasa de ganancia] es diferente para el capital individual [que] la proporción entre el plusvalor total y la suma total del capital adelantado. Pero también se demostró que considerando el … capital total de la clase capitalista, la tasa de ganancia media no es otra que el plusvalor total relacionado con –y calculado en base a– este capital total … Acá, por lo tanto, pisamos una vez más terreno firme, donde, sin entrar en la competencia entre múltiples capitales, podemos derivar la ley general de la naturaleza general del capital tal como ha sido desarrollada hasta ahora. Esta ley, y es la ley más importante de la economía política, es que la tasa de ganancia tiene una tendencia a caer con el progreso de la producción capitalista[14].
Traducción: Esteban Mercatante

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