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PREGUNTAS AL MATERIALISMO HISTORICO
Hª DE LA DIALECTICA Y LA FILOSOFÍA
IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO

martes, 24 de febrero de 2015

El gatopardo

El sistema, nuestro sistema, al borde del colapso absoluto, dando coletazos y retorciéndose en su agónica descomposición (no estoy describiendo el estado actual del mismo ojo), es capaz y muta de manera no inusitada. Lo hace apelando a gritos a lo que reflejara Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su famosa obra “Il Gattopardo” (El Gatopardo). El régimen busca el “gatopardismo” el “que todo cambie para que todo siga igual” que es en síntesis lo que reflejara la famosa obra en cuestión. La putrefacta monarquía española recibió en pocos meses una mano de pintura y ahora vuelve a relucir esplendorosa, es un buen ejemplo de a que me refiero. El entramado de la superestructura apoyado y cimentándose en y a través de los mass media a su servicio y por ende al de sus verdaderos amos, está desarrollando una verdadera labor de ingeniería social casi perfecta que muy probablemente si no andamos raudos será infalible:
Está fraccionando (en apariencia) el voto de manera magistral, reacciona y más con la experiencia reciente de Grecia ante la rotura del bipartidismo. De manera poco usual está dividiendo el voto de la derecha y como no, el de la izquierda, que esta ya a su vez se subdivide sola, es experta en eso de atomizar, pero no entraré en las causas, estoy refiriéndome a las fatales consecuencias. Está fomentando, el propio sistema, un discurso lo más vacío y estéril posible, el discurso ciudadanista, significados difusos que van con zancos sobre incoherencias y cuestiones políticas de gran importancia y repercusión, partidos que si no fuese por el nombre y color de sus siglas se confundirían. 
Se le da cancha a este como digo discurso porque ataca frontalmente y diluye al poderoso discurso de clase (eso que nos gusta tanto a los comunistas de las clases antagónicas diferentes e irreconciliables en sus intereses, el famoso motor de la historia, conceptualmente: la Lucha de Clases, que no es más que tu interés como trabajador explotado en confrontación con el de Ana Botín, explotadora) y digo poderoso porque este discurso, el de clase, no daña al sistema superficialmente ni pone parches, este revienta los cimientos y lo hace caer como un castillo de naipes, aunque las políticas se hacen de forma gradual, que nadie se asuste (ver Grecia). 
Lo anterior, la malintencionada estrategia del sistema (los que mandan de verdad y los que están a su servicio y obedecen, para salir del abstracto) perjudica gravemente los intereses de la clase trabajadora que pasa de ser esa supuesta “clase media” a ser “ciudadanía” (pero que igualmente si se queda sin trabajo, y el paro es muy útil para controlarnos, pasa a ser clase menos que baja y tiene que recurrir a sus mayores o a Cáritas porque todo lo que posee, lo que poseía más bien, es gracias a salarios bajos y créditos bancarios “fáciles”, pasando a ser un sujeto sufridor eso si ahora conscientemente de la acumulación por desposesión de la que se nutre el gran capital, despertando de ese espejismo de comodidad, pero dejemos este tema para otra ocasión). 
Despistada la gran masa productora (trabajadores, pequeños empresarios, autónomos en su conjunto) del país, la pequeña parte poseedora y que concentra el aberrante porcentaje del capital, la que se lucra con y no sabe que es la crisis, es la que sonríe y se frota las manos ante un panorama desolador en cuanto a organización y movilización social, tienen lo que quieren, falsa paz social en un pacto social acordado por de un lado patronal y por otro oportunistas, silloneros y vende humos en los que también tienen que ver ciertos partidos y sindicatos cabe citar. Como suelo decir, trabajadores del mundo, unámonos por la cuenta que nos trae. Carguémonos valiéndonos del empirismo y el pensamiento crítico de la poderosa arma que forman la razón y la conciencia, que no hay quien las derrote. 
No podemos volver a ser engañados nuevamente como otras tantas generaciones y como siempre, seguir siendo títeres de este modelo económico, productivo, hay que romper la dinámica y para ello hay que subvertir el sistema en busca de uno más humano, más igualitario y justo para la inmensa mayoría. La solución en parte está en las urnas, nadie lo niega, pero el foco está en ellas y no van a ponerlo tan fácil, cuidado con apostarlo todo al electoralismo y con confianza desmesurada, de nada servirá si no se tiene hegemonía en las calles, capacidad organizativa en los puestos de trabajo, asociaciones de vecinos, plataformas, en todas partes, pues el desenlace puede ser nefasto y el descontento que se gesta de una falsa ilusión esta vez tiraría por otros derroteros que no quiero ni mencionar.
Emilio José T.

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