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PREGUNTAS AL MATERIALISMO HISTORICO
Hª DE LA DIALECTICA Y LA FILOSOFÍA
IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Nos confundimos con el término explotación?

Ya lo decía K. Marx,  “Los trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen un mundo por ganar”, Nuestras cadenas son forjadas por nosotros mismos en actos de voluntaria e involuntaria conciencia. 

Trato con esto de despejar entre todo el proletariado la realidad incuestionable de la palabra explotación en nuestros días, extrapolada desde los mismos inicios de aparición del hecho de producirse la explotación del ser humano por el mismo ser humano. No sin antes decir que la clase dominante burguesa cuando tomó el poder y desbancó a la obsoleta nobleza llevaba bajo sus ideales  libertadores la concepción de la esclavitud en su seno pero legalizándola de la abstracción hasta ese día resuelta por las clases perdedoras en la pugna. Dicha legalización se produjo dando el paso a corresponderle una relación mercantilizadora donde unos vendían su fuerza de trabajo y otras la compraban en un acto de aparente libertad burguesa, bajo las leyes burguesas y la conformación de la sociedad burguesa como tal en dicha cosmovisión. 

Por más que nos quieran hacer creer que se trata de unas relaciones consentidas, contractuales, equidistantes, justas e iguales, no pueden soportar que se les desvele su modo de producción capitalista, se les caiga la careta a cada instante se instaura una nueva relación contractual, básicamente porque están instauradas en el modelo y esquema burgués de explotación.

El ideario cristiano-burgués tan inculcado en las conciencias de los pueblos con una base capitalista occidental ha resuelto la misma peregrina explicación en cuanto a tener que soportar el trabajo como un castigo divino y consecuente al hecho de “tenerse que ganar la vida con el sudor de tu frente”, este dilema lapidario ha quedado inserto en el subconsciente del común de los mortales como algo ineluctible, desbancando el necesario análisis crítico que proporcionaría un prisma diferente y emancipador. 

Dicho lo cual, conocemos de no hace mucho como al explotador Amancio Ortega se le loaba en todos los medios del régimen por haber conseguido, aunque fuera por tan sólo unas horas ser la persona más rica del mundo, contando por tanto con el subsiguiente reconocimiento y merecimiento a tal “destacable” honor. Lo que nadie dice de esos medios de intoxicación comprados es que su fortuna ha nacido del trabajo enajenado arrancado de cada una de las interminables horas en las que los trabajadores y trabajadoras, en muchos casos niños, han dejado terminados su productos en condiciones paupérrimas salariales, higiénicas y de seguridad.

De tal manera, no se trata de un maleficio divino, ni de un designio de la providencia, ni nada parecido, la explotación es una relación de poder político de una clase sobre otra para perpetuar por tiempo su estatus de dominio. No se trata que estemos en contra de las actuales relaciones sociales laborales porque sea un pecado original, ni porque produzca cansancio trabajando infinitamente o por levantarse temprano o por desplazarse lejos de tu hogar, que también por supuesto al ser una consecuencia de ello, lo estamos porque no eres dueño de tu propio destino,
lo estamos por la enajenación que produce al vender tu fuerza de trabajo y no ser pagada por el valor del producto realizado, si no por la relación contractual burguesa donde se establece las condiciones de dominación dentro de un marco burgués jurídico.

Si se considerará el trabajo como un bien colectivo alejado de la obtención de plusvalía usurera, condicionándolo al interés colectivo no se trabajarían tantas horas por la sencilla razón de que el beneficio que se obtuviese sería revertido a la sociedad, se podría planificar la economía según las necesidades de la sociedad, se instaurarían relaciones de respeto con otros países de la periferia, los salarios serían de acuerdo a unos valores sociales de " a cada cual según sus capacidades, a cada quien según sus necesidades", no se atentaría contra el medio ambiente, por cierto a cada instante dando señales de fuertes tensiones



Alcanzado el desarrollo de las fuerzas productivas como se ha llegado a ello actualmente en nuestras sociedades el siguiente paso es avanzar en la materialización de unas nuevas relaciones sociales de producción donde prime el bien común por encima de los intereses de clase y alumbrar de esta manera unas sociedades, entonces sin explotación y emancipadas de los que ahora unos llaman “castigo divino” pero que no es más que la instauración de un modelo humano de explotación basados en relaciones de dominación  y como modelo humano podemos y debemos acabar con él.
Acabo el texto enunciando dos asertos de oportuna validez para este redactado:

 -“En la sociedad comunista, el trabajo acumulado no es más que un medio para ampliar, enriquecer y hacer más fácil la vida de los trabajadores.” 

-“El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones. 

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