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viernes, 30 de enero de 2015

Volver a Lenin

LA OBRA POLIFACÉTICA DEL REVOLUCIONARIO RUSO NOS MUESTRA LA EXCEPCIONALIDAD DE SU PERSONALIDAD

La necesidad “volver a Lenin” no parte de la convicción de asociar la defensa del leninismo a una disputa interna del Partido a través de la definición de una posición identitaria.

El 21 de enero de 1924 muere Lenin en la ciudad rusa de Gorki, al sur de Moscú. La obra polifacética del revolucionario ruso como pensador, político, economista, sociólogo, estadista, organizador, tratadista de temas militares, nos muestra la excepcionalidad de una personalidad que sólo vivió cincuenta y cuatro años.

La magnitud de su obra y los hechos que protagonizó, requerirían para ser valorada en toda su trascendencia, de un espacio que no disponemos. Por eso el presente artículo parte del objetivo de ofrecer unas pautas metodológicas que ayuden a la aproximación al estudio del marxismo de Lenin, dentro de la concepción política de la necesidad de rescatar de manera seria y pormenorizada el estudio riguroso de la obra de Ilich Uliánov.

La necesidad “volver a Lenin” no parte de la convicción de asociar la defensa del leninismo a una disputa interna del Partido a través de la definición de una posición identitaria, diferenciadora de la pertinente dirección política a la que se quiere criticar o sustituir. No es el elemento “cultural” o testimonial el que interesa, sino el convencimiento de la vigencia de aspectos importantes en el pensamiento de Lenin, en particular del dominio por parte de la militancia comunista actual de aquello que destacaba Jose María Laso, al referirse a la “esencia del marxismo de Lenin estribaba «en el análisis concreto de las situaciones concretas»”.

Etapas en la obra de Lenin

En un certero trabajo realizado por Juan Trias en la década de los ochenta del siglo pasado acerca del marxismo de Lenin, contemplado en sendos artículos en Nuestra Bandera y Síntesis, se definen tres etapas en la obra de Lenin:

Una primera etapa que va de sus inicios universitarios en 1890 a la I Guerra Mundial. Podríamos a su vez diferenciar dentro de la misma, una primera fase que va en sus inicios políticos a finales del siglo XIX hasta el famoso II Congreso de POSDR en 1902.

Esta primera fase estuvo centrada en el estudio por parte del joven Lenin de las características del capitalismo en Rusia, para desde ese análisis, abordar la tarea de definir una teoría para la revolución en Rusia, su verdadero objetivo. Aquí ya encontramos una concreción de lo que llamaríamos el método político de Lenin, que podría resumirse en la idea de que lo verdaderamente importante en cada momento concreto, es saber captar cuál es el problema central a resolver por parte de un revolucionario. La cuestión no era por tanto estudiar el capitalismo como una generalidad, sino concretar ese análisis en su elemento principal, en su concreción, ¿cuál es el capitalismo que hay en Rusia?, porque de su respuesta se derivaría el campo de juego para la acción política. De esos años destaca su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, escrita en 1899.

Una segunda fase dentro de esta primera etapa, estaría marcada por el II Congreso del Partido socialdemócrata ruso en 1902. Si del capitalismo en Rusia se derivan las condiciones materiales para la realización de la acción política, toca construir el instrumento para esa acción, que para Lenin toma la forma de partido. La teoría de Lenin del partido político podría caracterizarse en torno a tres elementos, contenidos en la obra fundamental de ese momento, ¿Qué hacer?:

Entender que la acción obrera no genera de manera espontánea una conciencia socialista (socialdemócrata), sino una acción reivindicativa. De ahí la necesidad de que esa conciencia sea “llevada” al movimiento obrero.

La mediación entre la acción revolucionaria (la acción del partido) con el sujeto político (la clase obrera) no se da a través de la ideología, sino por medio de la construcción de un programa para la acción, de un programa político concreto para la solución de la tarea principal en cada momento.

La necesidad de atender a las tradiciones políticas rusas y a las condiciones concretas de la lucha en cada momento, para definir desde ahí el modelo organizativo del partido. De ahí se deriva la definición del partido como un “partido de revolucionarios profesionales”. Las tareas revolucionarias no las pueden dirigir las masas campesinas desarticuladas ni intelectuales urbanos conspiradores, sino un partido que organice y forme al nuevo sujeto político, el obrero urbano industrial.

No estamos ante un esquema del intelectual burgués llevando la conciencia socialista al movimiento obrero, tal y como defendía Kautsky, sino que Lenin entendía que cada clase social produce las condiciones para que surja su propia capa de intelectuales, y dentro de la clase obrera, ese intelectual es el Partido, marco teórico que sería desarrollado por Gramsci a través del concepto de “Intelectual colectivo”.

Por tanto tenemos un esquema metodológico crucial en el análisis político. Analizar en cada fase concreta cual es el elemento determinante, que Lenin situaba en el carácter capitalista de Rusia, del cual se derivaba la importancia de un nuevo sujeto social, el proletariado urbano de los nuevos enclaves industriales, que dado su tamaño y su atraso requería de un instrumento político adaptado a esas circunstancia -el Partido de nuevo tipo-, y de la necesaria política de alianzas por medio de un programa político adaptado a solucionar los problemas centrales del momento. Programa definido en la tercera obra recomendada, “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática” (1905).

De este análisis se desprende un programa muy bien definido en el mencionado libro. Para Lenin, el programa político para la acción viene determinado por la realización de dos tareas fundamentales: acabar con el feudalismo a través de una reforma agraria a favor del campesinado ruso (clase social mayoritaria); y en segundo lugar, acabar con el Zarismo, como marco que permite la expansión de la acción política del proletariado. Estamos por tanto ante la definición de un programa para la Revolución democrática, de contenido no socialista, pero que al dirigir su acción en los dos puntos fundamentales que impedían la acción política y las alianzas de la clase obrera, posibilitan avanzar en una perspectiva socialista.

Aquí Lenin se nos presenta como un maestro de la dialéctica, de la acción política, algo que en mi opinión, encierra gran parte del atractivo actual del legado de Lenin; precisar en cada momento cuál era la el contenido principal de la fase política (la revolución democrática que impulse la superación del zarismo y la reforma agraria) y los aliados (obreros y campesinos). Ese es el núcleo principal de la unidad de teoría y práctica de su pensamiento.

Las aportaciones de esta compleja etapa son fundamentales. Por una lado la definición de una acción política no idealista, sino fuertemente fundamentada en el análisis y en la convicción de que sin entender el momento político no se podía avanzar.

Para Lenin Rusia era un país capitalista, capitalismo inducido desde el exterior y que explicaba su carácter dependiente, que marcaba la existencia de un país atrasado de mayoría agraria en lo social, que en lo político correspondía a un país obsoleto y bloqueado por el zarismo, pero que presentaba sectores modernos capitalistas, aquellos que se insertaban en la economía mundial a través de la industria, generadores de un nuevo sujeto político, el proletariado, que requería de una nueva forma política, el partido. Ideas que hicieron de Lenin un referente político para las sociedades donde el problema de la tierra era central, como el caso de China o Cuba.

Una segunda etapa, que va desde el final de la I Guerra Mundial hasta la Revolución de Octubre. Si en la primera etapa Lenin se centró en la elaboración de una teoría para la revolución en Rusia, en esta segunda los esfuerzos se centraron en la construcción de una teoría para la revolución mundial. Para la compresión de esta fase es fundamental la lectura de una obra maestra, “Imperialismo, fase superior del capitalismo”, escrito en 1916.

Si de los primeros estudios económicos realizados, Lenin había llegado a la conclusión que el capitalismo ruso era un capitalismo, diríamos ahora, dependiente, era fundamental estudiar cuál era la fase del capitalismo internacional. En este punto Lenin nos aporta un elemento teórico fundamental para la situación actual, el tomar a la economía mundial como el elemento central de nuestro análisis político. Lenin entendía que se encontraba ante la fase imperialista del capitalismo, que al impulsar su expansión mundial (fase más desarrollada del capitalismo,fase última), articulaba a todos los países y regiones en torno a un desarrollo desigual. El capitalismo no se expande de la misma forma en todos los países, sino que se expande en forma de dominio, creando diferentes estadios de desarrollo capitalista, que lleva a Lenin a establecer el concepto de “eslabón débil”, que hace del autor junto a Bujarin, uno de los primeros en introducir el esquema centro-periferia dentro de análisis económicos.

La teoría del imperialismo de Lenin contemplaba un potencial político indudable que aporta al marxismo elementos apenas contemplados anteriormente: el capitalismo es ya una realidad mundial, por tanto, la revolución ya no es un escenario europeo, sino que es un escenario mundial. En este escenario mundial la fuerza motriz de la revolución no es sólo el proletariado de los países industriales avanzados, sino los pueblos que luchan por su liberación, que al querer romper con la ley de desarrollo desigual, hace que su lucha adquiera un carácter objetivamente anticapitalista: romper la cadena imperialista por su eslabón más débil.

Se impone por tanto para esta fase de la lucha política un programa de acción que contemple los elementos centrales a resolver en esta nueva coyuntura, que para Lenin eran dos: la cuestión agraria y la cuestión nacional. Esquema político que hace de Lenin un referente para las luchas de liberación nacional como la de países como Vietnam, y que permite la expansión del marxismo y de los partidos comunistas más allá del centro capitalista del momento (Europa, Norteamérica y los países del Cono sur), hacia los nuevos países surgidos del movimiento descolonizador.

Pero no solo el programa de acción requiere de una modificación o adaptación a la nueva fase revolucionaria, sino que la teoría del partido también debía recoger los cambios. Era necesario expandir la realidad del partido a nivel internacional, expandir la organización política para la revolución a escala mundial; nace así la III Internacional y la teoría del internacionalismo proletario.

Cabría una tercera etapa centrada en los años que van de la Revolución de octubre hasta la etapa de construcción del nuevo Estado soviético surgido en 1922. Etapa que corresponde con la elaboración de una teoría del estado por parte de Lenin, parte a la que dedicaré un siguiente artículo dirigido a introducir la obra clave de aquel periodo, “El estado y la revolución”, escrito a lo largo de 1917.

Comentarios finales

Del presente artículo he destacado elementos de la obra de Lenin que en mi opinión, suponen una aportación al marxismo que adquieren en estos momentos de crisis capitalista, plena vigencia. Pero con el objeto de acotar y definir más una aportación al estudio de Lenin, elegiría dos fundamentales.

En primer lugar, si Maquiavelo es el creador de la política moderna, la correspondiente al ascenso de la burguesía en su forma económica (mercantil) y en su forma política (el estado absolutista), Lenin es el creador del marco político del siglo XX, y por lo que se puede apreciar en estos años de crisis, de lo que va del XXI. Es lo que Sylvian Lazarus en su trabajo para el libroLenin reactivado, llama el “surgimiento de un nuevo núcleo constituyente del proceso revolucionario”. Si en el siglo XIX la figura política central era la insurrección, en el siglo XX elconcepto partido es el decisivo en el espacio político contemporáneo.

Esto hace que el periodo más importante de Lenin para nuestra praxis actual, sea el correspondiente a la formulación de la teoría del partido y de la acción política (el programa para la acción), correspondiente a los años que van de 1902 a 1917. Personalmente me diferencio por tanto de la interpretación mayoritaria dentro del PCE, que señala este punto, el de la concepción del partido de Lenin, como algo superado.

Me identifico con los autores que en el libro de Akal arriba citado, entienden el ¿Qué hacer?, como una obra de ruptura con el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Si para el Manifiesto Comunista, la insurrección y el espontaneismo serían los elementos claves, definidos en la acepción “donde hay proletarios hay comunistas”, para Lenin los mecanismos de realización de las condiciones de la revolución requieren la forma partido. No hay conciencia espontánea, hay conciencia política, “donde hay partido hay proletarios comunistas”, vendría a decir el revolucionario ruso.

Esto me permite afrontar el segundo aspecto novedoso del marxismo de Lenin, su dominio de la dialéctica, lo que supone un importante referente para unos partidos de izquierda carentes de pensamiento dialéctico en sus análisis políticos actuales.

Para Lenin la clave al afrontar un problema político, es situar el análisis parcial en un contexto general, caracterizar los procesos sociales dentro de su totalidad. Para afrontar un análisis de la lucha política a escala nacional, es necesario “estudiar el estado de la lucha de clases a nivel internacional”.

Lenin era un maestro del análisis teórico dirigido a la acción política, por medio del estudio de la fase concreta y de definir en cada momento cuál es el “problema principal a resolver”. Si Marx nos aportaba en El Capital, el concepto de “la contradicción principal”, Lenin aporta la de “aislar al enemigo principal”, que tanto desarrollaría Mao en la revolución china.

La clave está, como destaca Juan Trias, en “saber captar en cada momento el problema central y actuar en consecuencia”, saber distinguir cuál es “la línea de acción principal en cada momento”.

Aportaciones que fundamentan la necesidad que motiva el presente artículo, “Volver a Lenin”, antes de que lo hagan otros, y si no convencen estos argumentos, miremos que nos pasa con Gramsci. Es solo un aviso.

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