Fiesta del PCE 2010

En la carpa de Cuba con la bandera de la Revolución

Ruta de Aigualluts cerca de Benasque

En la pradera después de Aigualluts, a los pies del Aneto.

Impresionante cascada de Aigulluts

La espectacularidad de esta cascada es para no olvidarse de ella.

Las Gradas de Soaso

Un espectaculo en los Pirineos Aragones

Cascadas de la Larri en, la espectacularidad alubrada a nuestros ojos

Un valle Glaciar eún vivo en los Pirineos Aragones

A los pies del las agujas del Pico Perramo, con su ibón

Otro rincón sin desperdicio pero muy duro de alcanzar

La Alhambra de Granada

La Alhambra desplegando toda su majestuosidad por la noche

La Alhambra de Granada

El patio de los Leones después de su restauración

Caracassonne

Ciudad Patrimonio de la Humanidad al sur de Francia

Mont Saint Michel

En la Normandia francesa se encuentra emplazada esta abadía espectacular

Castillo de Chambord

En el Valle del Loira, merece la pena ver este chateau

La Cueva de Zugarramurdi

En el norte de Navarra, se encuentra este lugar misterioso

En el alto del Mugrón

Una jornada de reivindicación con la Plataforma contra el ATC de Zarra.

Vista Labor de Torregrande

Edificio centenario con planta defensiva acastillada en Almansa.

Fiesta PCE 2012

Cayo Lara apoyo la reivindicación de la Coordinadora en Defensa del Hospital de Almansa para su no privatización.

Marchas de la Dignidad

En pleno tramo de Chinchilla a Albacete de camino a Madrid con las Marchas 22-M.

Fiesta PCE 2014

Un rato distraido con Cayo Lara en los puestos de la Fiesta del PCE.

Fiesta PCE 2014

Gines Fernandez el Director de Mundo Obrero, mítico periódico del PCE.

Marchas de la Dignidad Almansa

Movilización contra los recortes sociales y libertades colectivas, reclamando Pan, Techo, Trabajo y Dignidad 21.03.2015.

VIDEOS MARXISTAS, MATERIALISMO HISTORICO, DIALECTICA, SOCIALISMO CIENTÍFICO. FILOSOFÍA MARXISTA
PACIFISMO BURGUÉS Y PACIFISMO REVOLUCIONARIO
MARX: DIALÉCTICA, HISTORIA Y COLONIALISMOS
HISTORIA DEL MARXISMO:CLASE 1-INTRODUCCIÓN
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domingo, 7 de abril de 2019

El nuevo concepto de la guerra de EEUU: las sanciones económicas como instrumento ante la debilidad militar

El nuevo concepto de guerra ya no es el que era. La guerra clásica es el último instrumento y solo en aquellos lugares donde EEUU tiene superioridad absoluta. Desde hace un tiempo Rusia, sobre todo, y China están por encima de EEUU en cuanto a calidad de armas. EEUU tiene mucho de todo, pero obsoleto. Rusia está hoy muy por encima en todos los aspectos y eso se acaba de constatar, de forma trágica para el militarismo estadounidense, en unos “juegos de guerra” virtuales en los que EEUU se involucraba con Rusia y con China y ha perdido en los dos.

Aquí hay dos interpretaciones: o que esos “juegos de guerra” hayan sido reales, es decir, previendo una hipotética guerra con las dos geopotencias que están desplazando a EEUU de su hegemonía mundial, o que haya sido una puesta en escena del Pentágono y los contratistas para lograr un aumento del dinero para gastos militares. Sea como sea, hay dos hechos ciertos: el primero, que EEUU ha tenido que reconocer, muy a su pesar, que las armas supersónicas de Rusia “rompen cualquier defensa” y no hay ninguna posibilidad de atajar un ataque con ellas puesto que las armas estadounidenses actuales son “simplemente ineficaces” (general Howard Thompson); y el segundo, que gracias a los avances de China en inteligencia artificial, “la disputa en el ciberespacio está en disputa”.

Estas dos certezas están detrás de esos “juegos de guerra”, denominados “Guerra Mundial III”, que han tenido lugar este mes de marzo bajo la supervisión de la RAND Corporation (1) y que han tenido como escenario los Balcanes, en el caso de Rusia, y Taiwan en el de China. Es decir, de nuevo EEUU aleja las guerras fuera de sus fronteras aun cuando las nuevas armas de sus “enemigos” (lenguaje recogido en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU) pueden alcanzar muy fácilmente su territorio. Y aún así, pierde. Por qué se elijen estos escenarios no está claro, salvo porque son clásicos y relativamente conocidos para EEUU. Pero el resultado es desalentador y aunque sea una justificación para reforzar el complejo industrial-militar, como así ha sido, sirve para poner de manifiesto el por qué de la obsesión de EEUU con las sanciones. Porque es la única arma que puede esgrimir hoy por hoy con una cierta potencia dado que todavía sigue controlando la economía mundial a través del dólar.

Y eso es algo, la hegemonía del dólar, que también está ahora mismo bajo seria presión y no solamente por estos dos países sino por otros como Irán, India o Venezuela, por mencionar los más activos en la desdolarización de su economía.

Así que como es de esperar ante todo esto el complejo militar-industrial quiere más dinero, y Trump parece que se lo va a dar, y se multiplican las sanciones económicas contra los “enemigos” intentando hacer daño mientras se procura recuperar al menos la paridad militar con ellos. Es una guerra híbrida en la que sanciones y “revoluciones de color” van de la mano para lograr un objetivo que no se puede lograr militarmente. De ahí que la presidencia de Trump haya acelerado la imposición de sanciones, tradicional en todas las administraciones de EEUU.

Durante décadas, en concreto desde 1950 aunque fue tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 cuando se comenzó a generalizar, las sanciones son el medio favorito de EEUU para castigar a las naciones que pretenden ser independientes de su tutela. Desde esa década, son más de 6.000 las impuestas a individuos, empresas y países por “terrorismo, comercio internacional de narcóticos, proliferación de armas de destrucción masiva y amenazas a la seguridad nacional, política exterior y a la economía de EEUU”.

Esta última razón es la que se esgrime contra Rusia y contra China (y ahora Venezuela), mientras que las otras son aducidas en los casos de Irán o Corea del Norte y ese batiburrillo ha sido esgrimido siempre contra Cuba. No interesan aquí las dirigidas a personas o empresas, pero desde 1960 se han impuesto a Cuba, Irán (1984), Irak (1990), Sudán (1997), Afganistán (2000), Serbia (2001), Zimbabwe (2003), Liberia (2004), Siria (2004), Bielorrusia (2006), Congo (2006), Líbano (2007), Corea del Norte (2008), Somalia (2010), Libia (2011), Yemen (2012), Sudán del Sur (2013), Rusia (2014), Donestks y Luganks (2014), República Centroafricana (2015), Venezuela (2015) y Burundi (2015). A Myanmar se impusieron en 2012 y se levantaron en 2016 al lograr el objetivo de cambio de gobierno, lo mismo que con Liberia y antes con Afganistán. En el caso de Irak las sanciones principales se mantuvieron hasta 2015, aunque aún sufre sanciones secundarias como consecuencia de su relación con Irán. En todos los demás casos son sanciones que siguen vigentes y se van incrementando cada vez. Sin ser específicamente sanciones, hay que incluir la guerra por los aranceles que el año pasado desató EEUU contra China.

EEUU ha logrado que la ONU se involucre en algunas de ellas (Irak, Irán, Corea del Norte) pero no en la mayoría, que son unilaterales y, por lo tanto, ilegales según el derecho internacional en tanto que afectan a otros países. De nuevo hay que recordar los casos de Venezuela e Irán, con la presión para que no se compre el petróleo venezolano y no se comercie con el país persa como más significativos ejemplos.

Lo que dice el derecho internacional
No existe ninguna norma que regule el tema de las sanciones, término que no aparece en ninguna instancia del derecho internacional y que sólo se puede encontrar en el artículo 41 de la Carta de la ONU pero con el eufemismo de "medidas" y siempre vinculadas a "preservar la paz y la seguridad internacional". Es en este ámbito donde se asientan las aplicadas por el Consejo de Seguridad de la ONU en los casos de Irak, Irán y Corea del Norte, por ejemplo, pero en ningún otro.

De ahí que según el derecho internacional las sanciones unilaterales (como son la mayoría de los casos reseñados más arriba, y donde hay que incluir las que también impone la Unión Europea -a Rusia, sin ir más lejos-) son ilegítimas e ilegales, especialmente las secundarias y extraterritoriales (como son los casos de Cuba, ya lejano en el tiempo, o más recientemente de Irán y Venezuela; incluso se puede aplicar a la detención de la gerente china de Huawei en Canadá a instancias de EEUU). En estos casos no solo se muestra su ilegalidad, sino que son violatorias de los derechos humanos que con tanto énfasis de dicen defender y afecta, entre otras cuestiones, al Derecho al Desarrrollo reconocido, también, por la ONU.

Si se reconociese el derecho internacional, que no se reconoce de facto por Occidente, se cumpliría la "observación general nº 8" del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, uno de sus organismos legislativos y jurídicos, en la que se establece de forma clara y tajante que "cualquier medida restrictiva de los estados contra los demás estados que traten socavar los derechos económicos y sociales de los civiles será rechazada y cesada".

Las sanciones económicas pueden tomar muchas formas, desde la congelación de activos a las restricciones y prohibiciones comerciales y de capital. El proceso comienza al margen de cualquier instrumento democrático, puesto que depende únicamente del presidente de EEUU que lo inicia emitiendo una Orden Ejecutiva que luego se limita a sancionar el Congreso y el Senado. Apenas hay ocasiones en las que se niega aunque, como acaba de suceder con Corea del Norte, el presidente sí puede vetar las que propongan esas dos cámaras.

En alguno de estos países las sanciones se han impuesto tras significativos reveses militares (Somalia y Líbano, en este tras la derrota de Israel ante Hizbulá), mientras que en otros se han impuesto buscando el cambio de gobierno (Siria, Corea del Norte, Yemen, Bielorrusia o Rusia, por ejemplo), sin lograrlo, aunque sí ha habido algún resultado en Zimbabwe y en Sudán pero sin conseguir el objetivo del todo. Y ahora vemos lo que está ocurriendo con Venezuela.

Doble filo
Pero tras la crisis económica del capitalismo occidental de 2008, que inició el declive de Occidente y de EEUU como potencia económica, las sanciones se han convertido en un arma de doble filo. El factor clave de la efectividad de las sanciones es el tamaño y la capacidad del país que las recibe para hacerlas frente. Y resulta que en bastantes ocasiones estas sanciones se han vuelto contra EEUU y contra Occidente, contra los vasallos occidentales que las respaldan y asumen. Los casos de Irán, China y Rusia son paradigmáticos.

Estos tres países han logrado desarrollar mecanismos que los hacen prácticamente inmunes a esas sanciones. Fueron golpeados al imponerlas, sin duda, pero con el tiempo han ido dando la vuelta a las mismas y logrando el efecto contrario del esperado: los gobiernos se han reforzado más y están creando mayores dificultades a EEUU hasta el punto de dar al traste con su hegemonía mundial. Esto ya no lo discute nadie, ni siquiera los propios vasallos de EEUU (2).

Uno de los efectos no buscados, pero conseguidos, es haber dado un golpe muy serio a la globalización. El Foro Económico Mundial, es decir, el foro de los megarricos más conocido como Foro de Davos ha reconocido en su última reunión (enero de 2019) que “las consecuencias de esta tendencia [en referencia al doble filo de las sanciones] están evolucionando, pero potencialmente incluyen la desglobalización de las empresas”. Es decir, que a medida que las empresas se ven obligadas a pensar si invierten en ciertos mercados [por temor a ser sancionadas, a su vez, por EEUU] se cambian los patrones tradicionales de comercio exterior en línea con las nuevas alineaciones geopolíticas”. Traducido, que cuando existe este temor son muchas las naciones y las empresas que directamente abandonan los patrones y prácticas occidentales y se refugian en las que están impulsando tanto Rusia como, sobre todo, China con su Nueva Ruta de la Seda. El caso reciente de Italia sería el más significativo.

El Foro Económico Mundial lleva ya cuatro años discutiendo sobre las sanciones y lo dice bien claro: “a veces las sanciones pueden hacer que ese comportamiento [de los gobiernos a quienes se pretende derrocar con las sanciones] sea aún más problemático” (3). Y recoge varios ejemplos de cómo terceros países se han beneficiado de esa política de sanciones de EEUU: China en el caso de las impuestas a Rusia; Rusia en el caso de las impuestas a Turquía; Turquía en la paranoia del gas ruso que transita por Ucrania; China y Rusia en las impuestas a Irán…

Se podría pensar que el capitalismo occidental habría extraído alguna conclusión de todo ello, pero no. Las lecciones de Cuba, sometida ya casi desde hace 60 años a sanciones y bloqueos por EEUU, son paradigmáticas. Son dolorosas, sí, pero las sanciones y el bloqueo no han logrado su propósito. Tampoco lo va a lograr ahora Occidente (aunque aquí con la complicidad de China y de Rusia) respecto a Corea del Norte, ni EEUU respecto a China y a Rusia. O Irán.

Hoy la guerra significa mucho más que una lucha militar. Es más, esa lucha militar no es para nada deseada por Occidente, consciente de su inferioridad cualitativa frente a geopotencias como China y Rusia. EEUU va a acelerar su preparación para una guerra clásica, aún sabiendo que podría terminar en un conflicto nuclear, pero consciente de su debilidad está acentuando la presión económica y diplomática sobre estos y otros países que minan cada día que pasa su hegemonía. Ahora asistimos a otros medios de guerra por parte de Occidente y, en concreto, de EEUU: económicos, tecnológicos y encubiertos (guerra híbrida, en definitiva) para lograr su objetivo estratégico que es mantener la hegemonía.

Se intenta obstaculizar el crecimiento de los países respondones (el caso de Huawei es uno de los máximos exponentes) y frustrar o retrasar al menos su ascenso geopolítico. Rusia se puso en el camino de Occidente de forma abierta en 2014 con el Donbás ucraniano y Crimea, China lo ha hecho con su Nueva Ruta de la Seda. Con estos dos países el discurso es el mismo: “guerra”. Trump lo ha dicho de forma abierta con el tema de los aranceles, sin ir más lejos. En ambos casos se pretende conseguir el mismo objetivo estratégico dado que las armas no sirven y por eso se intenta con las sanciones, el nuevo concepto de Occidente para la guerra, híbrida por ahora: pulverizar su economía y reducir su capacidad de competir con EEUU y con Occidente.

Es una guerra de nueva dimensión que, al igual que la simulación de “Guerra Mundial III”, EEUU perderá amargamente.
Notas
(2) Alberto Cruz, “La alianza estratégica de China y Rusia destroza la hegemonía occidental” https://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article2400
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. 

viernes, 29 de enero de 2016

La OTAN sigue extendiéndose

La ampliación de la OTAN cumple dos funciones. Por un lado, cercar a Rusia y garantizar que los europeos del este no se unan a ella. Por otro lado, preparar la ampliación de la Unión Europea de manera que esta última no sea capaz de desempeñar un papel político sino exclusivamente económico. La absorción de Montenegro es la siguiente etapa.
La decisión «histórica» del Consejo del Atlántico Norte de invitar Montenegro a iniciar el proceso para convertirse en el miembro número 29 de la alianza atlántica constituye un nuevo paso en la estrategia de Estados Unidos y la OTAN para cercar a Rusia.
¿Qué importancia tiene para la OTAN Montenegro, el último de los Estados (desde 2006) formados como resultado del desmembramiento de la Federación Yugoslava, destruida por la propia OTAN mediante la infiltración y la guerra?
Para responder esa pregunta basta con mirar un mapa.
Más pequeño que la región italiana de Apulia –a sólo 200 kilómetros del otro lado del Adriático– y con apenas 630 000 habitantes –la sexta parte de la población de Apulia–, la posición estratégica de Montenegro es extremadamente importante. Tiene fronteras con Albania y Croacia (ya miembros de la OTAN), con Kosovo (de hecho ya prácticamente miembro de la OTAN), con Serbia y con Bosnia-Herzegovina (socio de la OTAN). Tiene dos puertos, Bar y Porto Montenegro, utilizables ambos con fines militares hacia el Mediterráneo. Fue en el segundo de estos puerto donde hizo escala, en noviembre de 2014, el portaviones italiano Cavour.
Montenegro resulta estratégicamente importante como depósito de municiones y de material de guerra en general. Hay en su territorio 10 grandes búnkeres subterráneos construidos en tiempos de la Federación Yugoslava, instalaciones donde aún quedan más 10 000 toneladas de munición antigua por liquidar o por exportar. También hay en Montenegro hangares fortificados para la aviación, que fueron bombardeados por la OTAN en 1999. A la restructuración de esas instalaciones están dedicándose desde hace tiempo millones de dólares y parte de ese dinero viene de la Unión Europea. De esa manera, la OTAN tendrá en Montenegro búnkeres donde, después de la modernización, podrá almacenar enormes cantidades de municiones, incluso nucleares, así como hangares para sus cazabombarderos.
Montenegro, cuya incorporación a la OTAN es ya prácticamente un hecho, es también candidato a entrar en la Unión Europea, 22 de cuyos 28 miembros son también miembros de la OTAN, bajo el mando de Estados Unidos.
Un papel importante en el acercamiento de Montenegro a la OTAN ha sido el de Federica Mogherini, quien visitó Montenegro como ministra de Exteriores de Italia en julio de 2014. En aquel momento, Mogherini recordaba que «la política de ampliación es la clave del éxito de la Unión Europea –y de la OTAN– en la promoción de la paz, de la democracia y de la seguridad en Europa» y felicitaba al gobierno montenegrino por su «historia de éxito». Así hablaba Mogherini del gobierno encabezado por el primer ministro Milo Dukanovic, un individuo al que la propia Europol (la policía de la Unión Europea) cuestionó en 2013 porque Montenegro se ha convertido en importante vía de tránsito del tráfico de droga proveniente de Afganistán (donde opera la OTAN) hacia Europa y en el más importante centro de lavado de dinero. Esta «historia de éxito» es muy similar a la de Kosovo, que demuestra que hasta el crimen organizado puede ser utilizado con fines estratégicos.
Veamos un recuento de la expansión de la OTAN hacia el este: 
- En 1999, la OTAN absorbe los 3 primeros países del desaparecido Pacto de Varsovia: Polonia, la República Checa y Hungría. 
- En 2004, la OTAN se extiende a otros 7: Estonia, Letonia, Lituania (3 Repúblicas ex soviéticas), Bulgaria, Rumania, Eslovaquia (ex miembros del Pacto de Varsovia) y Eslovenia (antiguamente parte de Yugoslavia). 
- En este momento, a pesar de la fuerte oposición interna, duramente reprimida, se trata de absorber Montenegro, que precedería a otros «países aspirantes», como Macedonia, Bosnia-Herzegovina, Georgia, Ucrania y otros más a quienes que se les deja «la puerta abierta».

Al extenderse hacia el este, acercarse cada vez más a las fronteras de Rusia con sus bases militares y tropas, así como con su armamento nuclear, la OTAN abre en realidad la puerta a todo tipo de escenarios catastróficos para Europa y el mundo.
por Manlio Dinucci

lunes, 4 de enero de 2016

Vuelta a los años treinta: Hitler, Daesh y Occidente

Aunque se compara constantemente el Daesh [Estado Islámico] con los nazis, a menudo se olvida el verdadero paralelismo, la voluntad de Occidente de crear el fascismo para paralizar a Rusia.


El reciente debate en la Cámara de los Comunes británica sobre bombardear Siria vio llover las comparaciones. “Daesh son los fascistas de nuestra época”, afirmó el diputado laborista  Dan Jarvis, “esta es la guerra fascista de nuestra generación”, opinó Sarah Wollaston, mientras que Hilary Benn ponía fin al debate afirmando que “nos enfrentamos a los fascistas” y “lo que sabemos de los fascistas es que hay que derrotarlos”.

Los paralelismos son reales: en efecto, la visión política del wahabismo (la ideología del Daesh, de al-Qaeda y del principal comprador de armas a Gran Bretaña, Arabia Saudí) tiene mucho en común con la de Hitler y Mussolini.

En esencia, el fascismo europeo fue una respuesta emocional a la humillación nacional a manos de las llamadas “Grandes potencias” (la derrota militar en caso de Alemania y la negación de los frutos de la victoria en el caso de Italia). Los fascistas echaron la culpa de esta humillación al “enemigo interno” cuya presencia estaba corrompiendo a la nación y minando su fuerza. y al que, por consiguiente, había que extirpar antes de que pudiera tener lugar el rejuvenecimiento. Todos conocemos el programa político que derivó de ello.

De forma similar, a finales de 1700 el imperio Otomano, que justo un siglo antes había estado “a las puertas de Viena”, entraba también en una fase de decadencia. Las destrezas militares europeas empezaban a ser casi inexpugnables y una serie de derrotas a manos de Rusia llevaron a muchos súbditos otomanos a preguntarse qué había detrás de su aparente debilidad.

Muhammad ibn Al-Wahhab, un predicador sunní radical del desierto de Nejd en el centro de Arabia les dio una respuesta: los musulmanes estaban siendo castigados por apartarse del verdadero Islam. En particular, la presencia de sectas rivales, como el sufismo y el chiísmo (las cuales, según él, ni siquiera eran en absoluto islámicas) estaba debilitando el poder musulmán. Solo eliminándolas del Califato (junto con todo aquel sunní que no estuviera de acuerdo) se podría restablecer su fortaleza.

Esta es la idea que motiva las incontables ejecuciones de yazidis, alauitas, cristianos y otros a manos de los actuales discípulos de ibn Al-Wahhab. Al igual que el fascismo, el wahabismo es una política de fuerza por medio de la purificación etnoideológica.

Pero esto no es toda la historia completa. Ni el fascismo ni el Daesh obtuvieron su fuerza únicamente del compromiso de sus combatientes, sino que el surgimiento de ambos está unido a la respuesta del mundo occidental a sus propias crisis económicas y geopolíticas.

En la década de 1930 las elites dirigentes británicas veían el fascismo con mucho mejores ojos de lo que nos habría hecho creer la afirmación de Hilary Benn de que “toda esta Cámara se alzó contra Hitler y Mussolini”. “¿Qué ha hecho Hitler de lo que nos podamos quejar razonablemente?”, preguntó el diputado conservador C. T. Culverwell en 1938, un año después de que la Luftwaffe devastara Guernica.

Tres años antes Mussolini había invadido Abisinia. Al enterarse de la próxima invasión el primer ministro laborista escribió a El Duce para informarle de que “Inglaterra es una dama. A una dama le agrada una acción vigorosa hecha por varón, pero le gusta que las cosas se hagan discretamente, no en público. Así que tenga mucho tacto y no tendremos objeciones”. Estas ideas no eran infrecuentes. Como indicó el historiador J.T. Murph, “era evidente que ningún gobierno en el mundo capitalista se estremeció de temor cuando llegó este nuevo poder (el fascismo). Los conservadores lo aclamaron regocijados y no había ningún tory que al tiempo que aprobaba el método de Hitler y Mussolini de tratar el "problema laboral" no tuviera confianza en que entre los bastidores de la diplomacia se podría llegar a un trato con el campeón antibolchevique".

Sir Stafford Cripps, embajador británico en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, observó acerca de los años entre guerras que “en todo este periodo el factor principal de la política europea fue la exitosa utilización por parte de Gran Bretaña [...] de varios gobiernos fascistas para controlar el poder y el peligro, y el auge del comunismo o socialismo". En particular, Hitler era considerado un baluarte en contra de la Unión Soviética y esa fue la razón por la que las elites británicas y estadounidenses le apoyaron en la década de 1930.

Y lo mismo ocurre también con el Daesh. Occidente y sus aliados regionales han sido los animadores, jefes y suministradores de armas de la insurgencia wahabí en Siria desde sus inicios, no a pesar de su naturaleza sectaria sino debido a ello. Un documento de 2012 de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos desclasificado recientemente reveló que el Pentágono conocía muy bien la naturaleza de las fuerzas a las que estaba apoyando e indicaba que “los salafistas [sic] , los Hermanos Musulmanes y AQI [al-Qaeda en Iraq, el precursor del Daesh] son las principales fuerzas que dirigen la insurgencia en Siria”.

El mismo informe predecía el establecimiento de un “principado salafista [wahabista]”, aunque señalaba que esto era “exactamente lo que quieren las potencias que apoyan a la oposición [definidas como “Occidente, los países y del Golfo y Turquía”]”. Por supuesto, en su momento no se reveló nada de esto (de la misma manera que Hitler tuvo al principio el apoyo del Daily Mail y del Daily Mirror, la prensa occidental todavía trataba de convencer al mundo de que los rebeldes sirios era valientes combatientes de la libertad, que luchaban por la democracia y la igualdad).

Sin embargo, el apoyo que recibió Hitler de Gran Bretaña no fue solo retórico. La London Stock Exchange Gazette [Gaceta de la Bolsa de Londres] indicaba en mayo de 1935 que “sin este país como cámara de compensación para los pagos y la capacidad de recurrir a créditos [...] Alemania no habría podido seguir adelante con sus planes […]. Una y otra vez Alemania ha faltado a sus obligaciones, públicas y privadas, pero ha seguido comprando lana, algodón, níquel, caucho y petróleo hasta cumplir con sus obligaciones y la financiación se ha hecho directa o indirectamente a través de Londres [...]”. De hecho, la financiación británica de la maquinaria de guerra nazi fue tan importante que el capitalista alemán y financiero nazi Hjalmar Schacht señaló después de la guerra que “si quiere llevar a juicio a los industriales que ayudaron a Alemania a armarse debe llevara juicio a sus propios industriales”.

De la misma manera Occidente ha financiado generosamente al Daesh. Solo Estados Unidos ha suministrado bastante más de 1.000 millones de dólares en apoyo militar a la insurgencia en Siria en forma de adiestramiento y armas, gran parte del cual ha acabado en manos del Daesh. En lo que se refiere a sus fuentes financieras, probablemente Londres ha desempeñado un papel particularmente significativo. Los senadores estadounidenses han llamado repetidamente la atención a [la multinacional británica de banca y servicios financieros] HSBC debido a su relación con la principal rama bancaria de al-Qaeda en Arabia Saudí, mientras que cuando el ministro francés de Finanzas Michel Sapin anunció el mes pasado una nueva ofensiva contra la financiación del terrorismo señaló a la City londinense y pidió al mundo que estuviera “vigilante” con Gran Bretaña dada su reputación. El que fuera líder del Partido Nacionalista Escocés Alex Salmond afirmó en el Parlamento que “siempre que se lo pido al primer ministro [cortar la financiación al Daesh] me responde que está sentado en un comité. Durante dos años no hemos oído nada. Se ha hecho poco o nada para interrumpir el flujo de fondos e identificar y frenar a las instituciones financieras sin las que el Daesh no habría podido levantar un dedo ni contra nosotros ni contra nadie más”.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué Gran Bretaña tenía tanto interés en financiar a Hitler entonces y es tan reticente a tomar medidas enérgicas contra la financiación del Daesh hoy? Como hemos visto, se apoyó a los nazis al considerarlos un baluarte contra el comunismo y en particular una fuerza que se lanzó en contra de la Unión Soviética. Mientras tanto, Occidente ha considerado la insurgencia terrorista en Siria como un medio de paralizar a un Estado independiente con una política exterior y monetaria independiente (y en ese proceso, minar a sus aliados, Irán y, una vez más, Rusia). En ambos casos el objetivo primordial era Rusia y por extensión todo el proyecto geopolítico no occidental del que Rusia era y es una parte fundamental.

Si este es el caso, ¿qué lecciones podemos aprender de la experiencia de las décadas de 1930 y 1940? ¿Qué políticas debería llevara a cabo Rusia ante el fascismo/terrorismo patrocinado por Occidente?

La política antifascista de Rusia en la década de 1930 tenía tres aspectos, los tres correctos desde mi punto de vista y los tres nos ofrecen una lecciones claras para hoy.

En primer lugar, la URSS entendió claramente que el fascismo dependía del apoyo extranjero e intentó disuadir a Occidente de financiarlo. Se hicieron continuas propuestas a Francia y a Gran Bretaña de establecer una ‘gran alianza’. Se consideraba que especialmente Francia estaba “indecisa” en su compromiso con la Alemania fascista por razones evidentes, de modo que se hizo un esfuerzo particular para empujar a Francia a esa alianza, con diferentes grados de éxito (el pacto franco-soviético de 1935). Gran Bretaña era más una causa perdida, pero el espectáculo de rechazo continuo de una alianza antifascista por parte de Gran Bretaña al menos contribuyó a superar la retórica y sacar a la luz la verdadera actitud del gobierno británico hacia el fascismo. Actualmente esto se aplica tanto al terrorismo wahabí como se aplicaba entonces al fascismo.

En segundo lugar, si bien Rusia no pudo convencer a Occidente de que dejara de apoyar al fascismo, se puso en marcha para derrotarlo ella misma. Una vez que Alemania e Italia dejaron claro que no iban a respetar los acuerdos de no intervención acordados por la Liga de las Naciones respecto a la guerra civil española, la URSS se puso en marcha para aplastar ella misma el levantamiento fascista. De forma similar, en cuando quedó claro que Occidente no iba a respetar la soberanía siria, Rusia se puso en marcha para aplastar directamente la insurgencia wahabista.

Con todo, el verdadero golpe maestro de la diplomacia soviética en ese periodo (y el que en última instancia permitió a Rusia derrotar a Alemania) fue el Pacto Molotov-Ribbentrop*. Hacer algo que parecía impensable (un tratado de paz con Hitler) no solo dio tiempo a Rusia para prepararse para la guerra, sino que separó a Hitler de sus antiguos patronos británicos, franceses y estadounidenses. Garantizó que Rusia no lucharía sola cuando llegara el momento y que no lucharía contra un enemigo al que todavía apoyara Occidente.

No estoy defendiendo aquí un tratado de paz con el Daesh (aunque son loables los pasos dados por Rusia para dividir a los insurgentes y llevar a la mayor cantidad posible de ellos a una mesa de negociación), es demasiado tarde para ello. Sería como negociar un tratado de paz con Hitler en 1943. [El Pacto] Molotov-Ribbentrop se basaba en el principio de que había que romper la alianza entre el fascismo y Occidente, y de este modo, si no se podía sacar a Occidente del fascismo, habría que sacar al fascismo de Occidente.

De la misma manera, se debe romper la alianza entre el terrorismo wahabí y Occidente. En términos prácticos, se debe sacar de la órbita de Occidente a los principales Estados regionales patrocinadores del wahabismo (Arabia Saudí, los Estados del Golfo y Turquía). Obviamente es más fácil decirlo que hacerlo: Erdogan ha apostado por la OTAN y Arabia Saudí fue prácticamente una creación de Gran Bretaña. Si embargo, sus dirigentes no pueden ser ciegos ante el hecho de que no hay futuro en engancharse al carro de guerra en llamas de Occidente. En ese camino solo hay destrucción y cada día está más claro que Occidente está empujando a Turquía a primera línea en una conflagración cada vez mayor con Rusia. Esto no interesa a Turquía. El verdadero interés de los turcos y, de hecho, de los saudíes (como, en última instancia, de toda la humanidad) radica en volver a alinearse con el sur global y los BRICS en vez de seguir actuando como agentes de su destrucción: en cuanto se den cuenta de esto y vuelvan a adecuar su diplomacia acorde con ello, se acaban los juegos de guerra de Occidente.

Dan Glazebrook es un escritor político freelance que ha escrito para RT, Counterpunch, Z magazine, The Morning Star, The Guardian, The New Statesman, The Independent and Middle East Eye, entre otros. 

viernes, 8 de mayo de 2015

La ofensiva de la OTAN global

La Organización del Tratado del Atlántico Norte ya no tiene fronteras. En Europa, después de extenderse sobre 7 países del antiguo Pacto de Varsovia, 3 repúblicas ex soviéticas y 2 de la ex Yugoslavia –destruida mediante la guerra–, la OTAN está absorbiendo Ucrania. Las fuerzas armadas del régimen de Kiev, que desde participan desde hace años en las operaciones de la OTAN en diversas regiones –como los Balcanes, Afganistán, Irak, el Mediterráneo y el Océano Índico–, se integran cada vez más en las acciones que emprende esa alianza militar bajo las órdenes de Estados Unidos. El 24 de abril de 2015 fue firmado un acuerdo que de hecho las inserta en la red de mando, control y comunicación de la OTAN.

Eso sucede en el mismo momento en que el parlamento de Kiev adopta por unanimidad una ley que elogia como «heroico» el pasado nazi de Ucrania y que, mientras ilegaliza el Partido Comunista y clasifica como acto «criminal» toda referencia al comunismo, califica de «combatientes por la independencia de Ucrania» a los nazis que masacraron allí decenas de miles de personas.

En Lituania y Polonia, la OTAN ha desplegado cazabombarderos que «patrullan» los cielos de las repúblicas bálticas, al borde del espacio aéreo ruso. Después haber encabezado la «misión» durante los 4 primeros meses de 2015, Italia se mantendrá implicada allí al menos hasta agosto con 4 cazabombarderos Eurofighter Typhoon.

En Asia Central, «región estratégicamente importante», la OTAN está absorbiendo Georgia, que –ya integrada a sus operaciones– «aspira a convertirse en miembro de la alianza». Por otra parte, sigue «profundizando la cooperación» con Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán para contrarrestar la Unión Económica Euroasiática (que a su vez abarca Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Armenia y, desde mayo, Kirguistán).

La alianza atlántica se mantiene también «profundamente implicada en Afganistán», país que la geografía imperial incluye en el «Atlántico norte», con gran importancia geoestratégica ante Rusia y China, y donde prosigue la guerra de la OTAN mediante el uso de fuerzas especiales, de drones y de cazabombarderos –52 incursiones aéreas sólo en el pasado mes de marzo.

En la parte occidental de Asia, la OTAN prosigue la operación militar secreta contra Siria y prepara otras –Irán sigue estando en la mirilla– lo cual se demuestra con el desplazamiento del LandCom, el mando que dirige todas las fuerzas terrestres de la alianza. Y al mismo tiempo la OTAN refuerza su asociación –ya puesta a prueba durante la «campaña de Libia»– con 4 monarquías del Golfo (Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar) así como la cooperación con Arabia Saudita, el reino que –como denuncia Human Rights Watch– sigue masacrando la población yemenita desde el aire con bombas de fragmentación proporcionadas por Estados Unidos.

En el Extremo Oriente, la OTAN ha concluido con Japón un acuerdo estratégico que «amplía y profundiza la larga asociación», al que se suma un acuerdo análogo con Australia, acuerdos que apuntan contra China y Rusia.

Apuntando hacia esos mismos blancos, los principales países de la OTAN (como Italia) participan cada 2 años, en el Océan Pacífico, lo que el mando de la flota de Estados Unidos define como «la maniobra naval más grande del mundo».

En África, después de haber destruido el Estado libio, la OTAN está tratando de reforzar su presencia militar en los países miembros de la Unión Africana, a la que también proporciona «planificación y transporte aeronaval» en el marco estratégico del AfriCom.

En Latinoamérica, la OTAN sostiene un «Acuerdo de Seguridad» con Colombia, país ya comprometido en varios programas militares de la alianza –como la formación de fuerzas especiales– y que puede convertirse rápidamente en un nuevo socio.

Y no habrá de qué sorprendernos si uno de estos días, quizás no muy lejano, Italia envía sus cazabombarderos a «patrullar» los cielos de Colombia en el marco de una «misión» de la OTAN contra Venezuela.